Mis estereotipos molan más que los tuyos

Cada vez que alguien me dice que le gusta el anuncio de Campofrío de este año, añado un nombre a mi lista negra. No pasa nada, estar en esa lista no supone ninguna desventaja, sobre todo porque tengo muy mala memoria. Pero he sentido la necesidad de poner en claro lo que me ha molestado del anuncio de marras.

Teniendo en cuenta que no suelo echar pestes de casi ninguna campaña (sé los condicionantes que tienen y la cantidad de personas que opinan), quiero saber por qué esta me ha fastidiado especialmente. ¿Es por que habla de todos los españoles (y por tanto de mí)? También, pero sobre todo porque se basa en estereotipos.

Básicamente, un estereotipo es un tópico o lugar común, una simplificación establecida a partir de la generalización de ciertos atributos por parte de un grupo. Por lo tanto, es falso por partida doble.

Primero, porque una generalización no puede reflejar ningún aspecto real de personas concretas. “Las rubias son tontas”, ¿todas las rubias? Imposible.

Y segundo, porque cada grupo tiene sus propios estereotipos y no suelen coincidir, ya que normalmente somos bastante indulgentes con nuestros propios defectos y más bien intransigentes con los de los extraños. Así, los españoles creemos que nosotros somos generosos y que los alemanes son tacaños; como es natural, los alemanes no piensan lo mismo.

Pero, con todo, lo que más me molesta es que todos estos estereotipos nos alejan de la verdad hasta un punto absurdo. Entiendo que cierto nivel de generalización es necesario en ocasiones, y que cientos de años de tradición cultural han proyectado determinadas imágenes sobre el carácter (como dice el anuncio) de los españoles, pero Campofrío se ha pasado. Nos ha llevado directamente a un mundo de mentira. Porque si algo tienen los estereotipos es que no resisten ninguna confrontación con los hechos. ¿Lo vemos?

El recorrido de Chus Lampreave comienza charlando con Verónica Forqué, que se va a hacer Franco-Rusa, como “ese actor gordo”. Bien, “el actor gordo” es francés y se ha hecho ruso para no pagar impuestos en su país. Pero le hubiera sido más fácil haberse hecho español, ya que aquí recibimos muy bien a los ricos de fuera y tenemos alternativas muy competitivas para que ahorren impuestos. Así que, Verónica, si quieres hacer lo mismo que Depardieu, mejor quédate en España, que cada vez lo vas a tener más fácil.

Pero avancemos de la mano de esa tierna Chus Lampreave hasta encontrarse con un guardia real británico al que le espeta: “Los Beatles están muy bien, pero yo me enamoré con los Brincos”. Perfecto, o sea, con los Beatles españoles, palabra de Wikipedia:

El grupo se creó en 1964. Sus componentes fueron Fernando Arbex, Manuel González, Juan Pardo y Antonio Morales, Junior. Fueron conocidos como «Los Beatles españoles», de ahí que el nombre del grupo se parezca fonéticamente al de la banda inglesa. En un principio se pensó en bautizar al grupo Las Ovejas Negras. Todos los discos de su primera etapa fueron número uno en las listas españolas.

Ante la perspectiva de hacerse sueca (no es mala elección), Chus se lamenta. “Pero, ¿qué hacemos con lo de abrazar?” mientras una nórdica les indica a las Hurtado que mantengan la distancia personal y no griten. ¿De verdad podemos dar lecciones a los suecos de libertad para mostrar nuestros sentimientos y tocarnos? Un poco de historia no viene mal de vez en cuando.

Un poco más adelante, le dice a Quique San Francisco que no se haga alemán porque allí no hay cómicos. ¿Comorrr? Al final me voy a enfadar, y eso que me había planteado un año entero de buen rollo. Así, a bote pronto y con la ayuda una vez más de la Wikipedia, he encontrado a este señor alemán, alemán. Del mismo Berlín, vamos. Un cómico MUY GRANDE, que ha hecho historia desde detrás de las cámaras. Un señor que tenía un compinche no menos GRANDE, aunque algo menos alemán (este era austro-húngaro). Y si busco un cómico propiamente dicho, de los que actúan delante de la cámara, me sale este otro genio. Ganador ya de dos Oscars (que probablemente no sean los únicos) y alemán, además de austriaco (cosas de la doble nacionalidad). Pero claro, en Alemania no hay cómicos tan graciosos como aquí… de hecho, yo sigo riéndome con esta frase.

Pero venga, sigamos el paseo que ya estamos llegando al final. Una Chus más reflexiva que nunca sentada en un banco recitando eso de “¿y lo de invitar aunque no tengas un duro?” Pues parece que en eso tampoco somos como nos imaginamos. Ni nosotros, ni los alemanes. Aunque, claro, hay excepciones, pero tampoco son como para presumir.

¡Anda, qué sorpresa! En el banco hay alguien más. Rosario Flores aparece para decir “¿y cocinar pa tres y que coman quince?” Bueno, es que tal como calculamos las raciones en España, no es raro que puedan comer quince o veinte personas de lo que habíamos cocinado para tres.

Y falta una opinión más, la del Langui, que nos recuerda que también somos un país de “luchar aunque no tengas fuerzas”. Bueno, según se mire, porque no paramos de quejarnos de que estamos en una crisis gravísima por culpa de los políticos, del sistema electoral, de los bancos, de los mercados, hasta del sursum corda, pero de luchar, poquito. Vamos, es que no nos esforzamos ni en votar por un señor menos sospechoso cada cuatro años.

¿Hay algo que me guste del anuncio? Pues sí. La fórmula creativa “uno puede irse pero no hacerse” me parece todo un acierto. Es un insight en toda regla, algo que descubres y que ya sabías de antemano, aunque no sabías que lo sabías (valga el trabalenguas). El problema es que también esta frase puede entenderse como favorable o desfavorable hacia el mensaje de la marca. Hay muchos millones de españoles que, si pudieran, se harían americanos, canadienses, noruegos, australianos o lo que sea. Porque irse, pueden irse, incluso pueden trabajar en alguno de estos países. Pero para vivir como ellos (con sus salarios y sus derechos), no basta con irse, hay que hacerse.

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